sábado, 26 de marzo de 2016
Se que he perdido tantas cosas que no podría contarlas y que esas perdiciones, ahora, son lo que es mío. Se que he perdido el amarillo y el negro y pienso en esos imposibles colores como no piensan los que ven. Mi padre ha muerto y está siempre a mi lado. Cuando quiero escandir versos de Swinburne, lo hago, me dicen, con su voz. Solo el que ha muerto es nuestro, solo es nuestro lo que perdimos. Illón fue, pero Illón perdura en el hexámetro que la plañe. Israel fue cuando era una antigua nostalgia. Todo poema, con el tiempo, es una elegía. Nuestras son las mujeres que nos dejaron, ya no sujetos a la víspera, que zozobra, y a las alarmas y terrores de la esperanza. No hay otros paraísos que los paraísos perdidos. J. L. Borges
miércoles, 16 de marzo de 2016
Las horas corren como un caminante imparable. Una luz me despierta por la noche cuando asoma a mis latidos tu recuerdo. Hasta la rutina se me ha vuelto extraña con tu ausencia. Me cuestan las palabras.
Capas aislantes me separan del mundo. No puedo ni quiero compartirme con nadie. Mi interior alberga cadáveres malolientes que no consumo ni dejo escapar.
Y Febo vuelve a aparecer, a pesar de mi enamoramiento por la oscura esfera de la noche. Como una bofetada me indica que la vida sigue… sin vos.
Sin embargo la recorro, cual Penélope, entreverando los hilos de mi trama.
El silencio sella mis labios cada día con más insistencia.
Estéril y seca me paseo por los valles sin poder ver.
Me extraño… extraño la que era…
Inexorable el tiempo transcurre entre trabajos, idas al mercado y quehaceres huecos, sinsentidos que actualizan una historia que me niego a vivir.
La tos… que no me ha abandonado … me recuerda que aún respiro y una lejana alarma me trae a mirar el reloj.
Sigo…
Sigo?
María Williams
sábado, 20 de febrero de 2016
Y nos miras... quitándote el sombrero... invitándonos a entrar....
Difícil hacer una semblanza de un grande como Umberto Eco. Cada frase que leo para colocar aquí, me lleva a otra y a otra y transforma este sencillo párrafo en una quimera.
Quedamos huérfanos de un guerrero constante de la profundidad intelectual y la búsqueda de la verdad.
He elegido algo, que como todas las elecciones llevan el peso del ejecutor, pero ahi está para que no lo olvidemos. Jamás una cita suya pondrá punto final al cuestionamiento...
"En el fondo, la pregunta fundamental de la filosofía (igual que la del psicoanálisis) coincide con la de la novela policíaca: ¿quién es el culpable?"
Y nos miras... quitándote el sombrero... invitándonos a entrar....
Gracias Umberto Eco!!!
María Williams
Quedamos huérfanos de un guerrero constante de la profundidad intelectual y la búsqueda de la verdad.
He elegido algo, que como todas las elecciones llevan el peso del ejecutor, pero ahi está para que no lo olvidemos. Jamás una cita suya pondrá punto final al cuestionamiento...
"En el fondo, la pregunta fundamental de la filosofía (igual que la del psicoanálisis) coincide con la de la novela policíaca: ¿quién es el culpable?"
Y nos miras... quitándote el sombrero... invitándonos a entrar....
Gracias Umberto Eco!!!
María Williams
martes, 15 de diciembre de 2015
Damero...

Cual extremos nerviosos, sensitivos, tus manos me regresan la experiencia que mi incompleta piel no puede resumir.
Cuando te posas en mi, se prolonga la agónica belleza del sentir. No he sabido la inmensidad de mi alma, hasta que mi extensión en ti, con múltiples periscopios, me han devuelto imágenes de mi inquieta profundidad.
Una larga noche me encuentra en el laboratorio de negativos que se desvanecen, para dejar como único vestigio la imagen, aquella que se ajará con los años. Me percibo entonces, en lo que no muere, ese fluir de átomos a lo largo de mis venas, ese calor que recorre -y no se queda-, cada centímetro de epidermis.
Falta, para la perfecta técnica, el saber que de dos partes se compone cada cosa: luz y sombra, frío y calor, negro sobre blanco, vida y muerte.
Un ajedrez borgeano desprende alguna lágrima… estás cerca, aunque lejos…sea la otra pauta del damero.
María Williams
Imagen: Arteide.
lunes, 28 de septiembre de 2015
Enredada en las justas tramas de la lógica, previsible y metódica, no veo.
Los silogismos son perfectos, categóricos, infalibles.
Sirven para muchas cosas, entre otras, filosos divisores de aguas entre izquierda y derecha, racionalidad y sentir.
Anhelaba las armas de Atenea, que con Temis cegaron la conciencia del destrozo, la destrucción, que- de igual modo- ocurría silente.
Las partes, los pedazos están ahí ahora.
Intentan infructuosamente acallar los estragos, los argumentos y las razones.
Falsa percepción de orden del caos, ya no guías más mis sentimientos.
Viene a mi memoria un verso de la infancia…
¡Detén tus pasos Lógica, no quieras
que se hagan pesimistas los idiotas! (Almafuerte)
Detente! Ya no caben en tus casillas mis infinitudes. Ni en tus limitaciones mis deseos.
La vida y la muerte son lo mismo, aunque te empeñes en nombrarlos contradictorios o contrarios.
Y el amor atraviesa cada carne, cada luz y cada sombra, cada gota, cada mañana, y lo invade todo, como el mar, sin contenciones.
María Williams
Foto: María Williams. Sarria 21/10/2014
Los silogismos son perfectos, categóricos, infalibles.
Sirven para muchas cosas, entre otras, filosos divisores de aguas entre izquierda y derecha, racionalidad y sentir.
Anhelaba las armas de Atenea, que con Temis cegaron la conciencia del destrozo, la destrucción, que- de igual modo- ocurría silente.
Las partes, los pedazos están ahí ahora.
Intentan infructuosamente acallar los estragos, los argumentos y las razones.
Falsa percepción de orden del caos, ya no guías más mis sentimientos.
Viene a mi memoria un verso de la infancia…
¡Detén tus pasos Lógica, no quieras
que se hagan pesimistas los idiotas! (Almafuerte)
Detente! Ya no caben en tus casillas mis infinitudes. Ni en tus limitaciones mis deseos.
La vida y la muerte son lo mismo, aunque te empeñes en nombrarlos contradictorios o contrarios.
Y el amor atraviesa cada carne, cada luz y cada sombra, cada gota, cada mañana, y lo invade todo, como el mar, sin contenciones.
María Williams
Foto: María Williams. Sarria 21/10/2014
miércoles, 9 de septiembre de 2015
Cuando el dolor físico desgarra la trama secreta que conforma nuestra carne, se siente como algo ajeno, una vibración que atenta contra aquel orden que tanto deseo, contra las cuadrículas que mi mente construye, con íntimos deseos de explicar lo inenarrable.
Camino con dificultad y no llego a pisar como debiera las lúgubres porciones del asfalto.
Cada movimiento me recuerda la finitud del día, el fin de los tiempos, de mis tiempos.
Intento un equilibrio que no llega, aunque las básculas se llenen de justificaciones como pesas.
Intento abrazar esa historia, y congelarla, para alentar el mito de la juventud eterna.
Aletargando mi aflicción, siento, al no sentir, que estoy haciendo lo correcto.
Tarde, ya sentada en los brazos de Caronte, añoro aquellas llagas, sabiendo que el haberlas aceptado hubiera hecho más bello mi pasaje.
Me preparo a regresar gozando de otra vida, viva, y descorrer sin temor el velo que impide ver en el dolor la puerta, el camino que no hubiera recorrido de otro modo.
María Williams
Foto: Francisco Emilio de la Guerra
miércoles, 2 de septiembre de 2015
Y me quedo detenida sin quererlo en las palabras, en las letras que se suceden unas a otras dando forma a aquello que tiene la presunción de expresar los sentimientos.
Recorro cada renglón con la avidez de la rapiña, tratando de encontrar las respuestas a infinitos uróboros que envuelven el corazón y lo atraviesan cual eslabones de una cadena interminable.
Y me detengo allí, en la página abierta, en aquel quiebre de la encuadernación que pareciera, cual oráculo divino, indicarme dónde debo abrevar.
Una palabra lleva a otra y ya olvido la fatal vara para hurgar en cada punto, en cada párrafo, buscando…
Qué vacío no llenan tus palabras Barthes, cuando hablas del vacío?
Qué aguas no me mojan al pasar sin repetición, en las heraclitianas extensiones del presente?
Hoy es este momento, este minuto, este instante en que mis ojos te leen, y te entienden, o creen saber lo que escribiste hace siglos, o hace muy poco atrás.
Cabe en una página el universo lo mismo que el minuto, y vuelvo a leer como si fuera nuevo, lo que un día guió tu mano.
María Williams
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